"Una mirada, una tormenta, una idea de verano y hablen ustedes, malpensados."


Todo empezó con una mirada. Ese fue precisamente el gesto descorazonador que hizo que mi agonía tomara nombre.
Era un día soleado, los pájaros podían entonar una melodía propia del estío mediterráneo. Ese sol revitalizante, que se colaba entre las cortinas de mi casa me incitaban a salir una vez más, a expensas de dejar ese frescor del aire acondicionado que, desde ayer por la noche estaba haciéndome olvidar que fuera estábamos a más de 40 grados. ¡Todo parecía decirme que iba a ser un gran día! Todo menos esa sensación de soledad que a veces me embriagaba…
Siempre he sido muy independiente, además de sentirme orgulloso de mi prudencia a la hora de sentir algo por alguien. ¡Oh! Prudencia, prudencia. Una de las palabras que, desde el Latín ha perdido un gran significado. La prudencia hoy en día es simplemente tener cuidado. Antíguamente era el saber hacer, la templanza, todo mezclado en una palabra tan poderosa, que, sinceramente, enamora al oírla. ¡Ah! Así como la palabra “amor”…
Ya no es lo que era. Cada persona tiene una concepción distinta de lo que significa el amor, de lo que conlleva, y la malinterpretan constantemente. Nunca me había dolido tanto el mancillar de solamente cuatro letras… Cuatro letras… ¿Cuántas necesitáis vosotros para llorar?
Cogemos esa idea, y la hacemos nuestra, y nos sentimos identificados con todo lo que suena parecido a algo que creemos sentir. Pero... ¿Es eso realmente? ¿Estamos interpretando correctamente ese cosmos que es el mar de sentimientos y química que nos invade? Deberíamos corregirlo. Pero, no creáis que yo voy de “todolosabe”, porque realmente estoy haciendo esta reflexión para, yo el primero, saber si lo que siento es real o no.
Volviendo al cuento, ese en el que una sola, una sola mirada, puede hacer cambiar el rumbo de una mente inmersa en una tormenta, intentando llegar a su destino. ¿y ahora? Ahora, amigos míos, me hallo varado. Varado esperando a que cambie el viento y pueda volver a surcar las aguas de eso que llaman mar, eso que llaman amor. ¡Joder, qué mierda! Ya me van a perdonar pero no le veo lo positivo a todo esto. No veo salida en la que alguien salga bien parado.
¿Ven? No puedo ni concentrarme en escribir. No puedo hacer más que hablar de mi desdicha, de mi mala suerte, de mi… mi mala cabeza, que piensa;
De su boca, de sus ojos, que cada vez que se me clavan me hacen sentir vivo, de su sonrisa contagiosa, de sus chistes, sus abrazos, su…
Su todo. Es todo lo que necesito. Y está tan lejos. No puedo luchar, ni puedo dejar de hacerlo. No puedo tirarme al agua, ni retroceder por donde he venido. No puedo escapar, ni enfrentarme a esa mirada de agua dulce. No puedo soñar.
Si no es con ella.
Todo empezó con una mirada…


Carlos Conde.

1 comentario:

Anónimo dijo...

No se si re han dicho esta frase: nunca el mar en calma, hizo experto al marinero. Mira esa mirada de frente, y aunq yo no creo en el amor( pienso q es un estado temporal de perturbacion), hay que disfrutar de las personas q la vida nos pone en el camino, y qizas en otro cuento me hagas creer q el amor es una palabra con dignificafo