Hans se detuvo un poco. Llevaba corriendo más de media hora y su pulsómetro marcaba las 180 pulsaciones. Y es que cuando te pones a correr de noche con nada más que una linterna en la cabeza, que sólo ilumina lo que justamente puedes esquivar, en plena penumbra, no hay quien te pare. Necesitaba expulsar la adrenalina de la rabia que le produce no entender algunas cosas. Y ya de paso se quitaba de la cabeza la idea de que Olivia estuviera en los brazos de otro.
La había visto, antes de salir de casa. Preciosa. Su cuerpo ceñido en ese vestido con estampado cual animal salvaje, pelo perfecto, labios brillantes... No le dijo nada. Simplemente cuando ella salió él pensó; "allá te vas".
La echaba de menos, pero no podia decirselo. Era demasiado pronto. Era demasiado tarde. Nunca era el momento. Pensó en coger el coche e ir a buscarla, pero el orgullo y la razón son dos frenos más potentes que cualquier máquina que sea capaz de latir a 180 pulsaciones... 150 ya.
Sólo maldice el día en que dejó de mirar hacia todos los lados para fijarse en esos ojos grandes, llenos de dulzura. Hay un antes y después desde que ese día, la tuvo en su cama y no la pudo aprovechar en condiciones por culpa del alcohol y decirle que por la mañana era lo más bonito que había visto en mucho tiempo. Si! Más bonito que la foto del Louvre que tiene en su mesilla de noche. Más de lo que seguramente merezca... 130 pulsaciones...
Pero no se lo dijo. No dijo nada. Se marchó y dejó que se desvirtuara el momento, quedándose en un encuentro para calmar a las bestias hambrientas del interior de ambos. Hans no puede dejar entrever que puede llegar a decir todo eso. Estropearia su reputación. Al fin y al cabo pasará lo de siempre, es el destino. La tercera historia sin terminar y el buzón de llamadas vacio, sin signos de Olivia.
125! Hans encendió la linterna de nuevo y echó a correr de nuevo, soltando toda la impotencia en cada zancada, en cada exhalación de su confusa pero fuerte alma, estableciendo una nueva marca en su aplicación movil. Para algo ha de servir todo esto! (dijo). Y en tanto seguia corriendo, una sonrisa en emoticono apareció en su teléfono móvil. 165 pulsaciones...
La había visto, antes de salir de casa. Preciosa. Su cuerpo ceñido en ese vestido con estampado cual animal salvaje, pelo perfecto, labios brillantes... No le dijo nada. Simplemente cuando ella salió él pensó; "allá te vas".
La echaba de menos, pero no podia decirselo. Era demasiado pronto. Era demasiado tarde. Nunca era el momento. Pensó en coger el coche e ir a buscarla, pero el orgullo y la razón son dos frenos más potentes que cualquier máquina que sea capaz de latir a 180 pulsaciones... 150 ya.
Sólo maldice el día en que dejó de mirar hacia todos los lados para fijarse en esos ojos grandes, llenos de dulzura. Hay un antes y después desde que ese día, la tuvo en su cama y no la pudo aprovechar en condiciones por culpa del alcohol y decirle que por la mañana era lo más bonito que había visto en mucho tiempo. Si! Más bonito que la foto del Louvre que tiene en su mesilla de noche. Más de lo que seguramente merezca... 130 pulsaciones...
Pero no se lo dijo. No dijo nada. Se marchó y dejó que se desvirtuara el momento, quedándose en un encuentro para calmar a las bestias hambrientas del interior de ambos. Hans no puede dejar entrever que puede llegar a decir todo eso. Estropearia su reputación. Al fin y al cabo pasará lo de siempre, es el destino. La tercera historia sin terminar y el buzón de llamadas vacio, sin signos de Olivia.
125! Hans encendió la linterna de nuevo y echó a correr de nuevo, soltando toda la impotencia en cada zancada, en cada exhalación de su confusa pero fuerte alma, estableciendo una nueva marca en su aplicación movil. Para algo ha de servir todo esto! (dijo). Y en tanto seguia corriendo, una sonrisa en emoticono apareció en su teléfono móvil. 165 pulsaciones...
1 comentario:
Sigue
Publicar un comentario